Parábolas

Leyenda China

(Anónimo)

Se cuenta de un viejo chino que estaba a punto de morir. Llamó a sus siete hijos y les dijo que quería dejarles su herencia. Pero antes, les pidió que cada cual fuera a buscar un par de palitos verdes.

Les extrañó mucho esta exigencia del padre pero fueron a cumplir su deseo. En cuanto regresaron, el padre les dijo: “Yo no soy rico, no tengo dinero que dejaros, pero en cambio os entrego algo más importante

En seguido dijo a sus hijos que cada cual rompiera uno de los palitos que había traído. Todos lo hicieron así con la mayor facilidad.

Inmediatamente después, el padre, moribundo, les dijo: “ahora juntad los siete palitos restantes y tratad de quebrarlos“.

Todos intentaron hacerlo y nadie lo logró.

Esta es la herencia que yo os dejo” continuo diciendo el padre: “Si tratáis de triunfar en la vida, cada cual por su cuenta, no lo lograréis. En cambio, si os mantenéis unidos, seréis fuertes y firmes, y podréis hacer cosas muy importantes“.

Todos podemos deducir fácilmente cuál es la sabiduría encerrada en el gesto y en las palabras de este padre de familia, que deja a sus hijos lo mejor que tiene.

La parábola del águila

(Anónimo)

Erase una vez un hombre que mientras caminaba por eí bosque encontró un águila, se la llevó a su casa y la puso en su corral. El águila pronto aprendió a comer la misma comida que los pollos y a conducirse como éstos. Un día, un naturalista que pasaba por allí le preguntó al propietario por qué razón un águila, el rey de todas las aves tenía que permanecer encerrada en el corral con los pollos.
Como le he dado la misma comida que a los pollos y le he enseñado a ser como un pollo, nunca ha aprendido a volar -respondió el propietario-; se conduce como los pollos y por tanto ya no es un águila“.
Sin embargo – respondió el naturalista- tiene corazón de águila. Con toda seguridad se le puede enseñar a volar“.
Después de discutir un poco más, los dos hombres convinieron en averiguar si era posible que el águila volara. El naturalista la cogió en brazos suavemente y le dijo “Tú perteneces al cielo, no a la tierra. Abre las alas y vuela“.
El águila estaba confundida, no sabía qué era y al ver a los pollos comiendo, saltó y se reunió con ellos de nuevo. Sin desanimarse, al día siguiente, el naturalista llevó al águila al tejado de la casa y le animó diciéndose: “Eres un águila, abre las alas y vuela” pero el águila tenía miedo de su yo y del mundo desconocido. El águila salió una vez más en busca de la comida de los pollos.
El naturalista se levantó temprano al tercer día, sacó al águila del corral y le llevó a una montaña. Una vez ahí alzó al rey de las aves y le animó diciéndole “Eres un águila y perteneces tanto al cielo como a la tierra“.

El águila miró alrededor, hacia el corral y hacia arriba, al cielo. El águila no se decidió a volar. Entonces, el naturalista la levantó directamente hacia el sol, el águila empezó a temblar y empezó a abrir lentamente las alas. Finalmente, con un grito triunfante, voló alejándose en el cielo.
Es posible que el águila recuerde todavía a los pollos con nostalgia; y hasta es posible que, de cuando en cuando vuelva a visitar el corral. Que nadie sepa, el águila nunca ha vuelto a vivir vida de pollo. Siempre fue un águila, pese a que fue mantenida y domesticada como pollo.
Al igual que el águila, las personas que han aprendido a pensar en sí mismas como algo que no son, pueden volver a decidirse a favor de sus verdaderas posibilidades.

Si yo cambiara

De “Dinámica del Éxito” Autor desconocido.

Si yo cambiara mi manera de pensar hacia otros, me sentiría sereno.
Si yo cambiara mi manera de actuar ante los demás, los haría felices.
Si yo aceptara a todos como son, sufriría menos.
Si yo me aceptara tal como soy, quitándome mis defectos cuánto mejoraría mi hogar, mi ambiente.
Si yo comprendiera plenamente mis errores, sería humilde.
Si yo deseara siempre el bienestar de los demás, sería feliz.
Si yo encontrara lo positivo en todos, la vida sería digna de ser vivida.
Si yo amara al mundo… lo cambiaría.
Si yo me diera cuenta de que al lastimar, el primer lastimado soy yo
Si yo criticara menos y amara más…
Si yo cambiara… cambiaría el mundo.

Empieza, lo demás es fácil

Osamu no sabía leer, pero quería saber lo que estaba escrito en una pequeña placa que colgaba de una pared de la cocina. Su papá se la leyó: “Empieza, lo demás es fácil

¿Qué queire decir eso?” preguntó el niño.

Quiere decir“, le explicó su papá, “que cuando quieras jugar un juego que no conozcas, párate y empieza. Verás cómo, antes de conocerlo, ya lo juegas tan bien como cualquiera. Lo verdaderamente difícil es empezar“.

Osamu tomó muy en serio el consejo y le resultó valiosísimo, no sólo en sus juegos, sino en todos los aspectos de su vida. Cuando lo conocí, ya era un escritor de éxito. Me dijo que las palabras de aquella placa habían contribuido grandemente a su éxito como escritor.

Desde que estaba en la secundaria quería llegar a ser escritor. Al principio sólo era un sueño. Le faltaba valor, incluso para intentar escribir algo para publicarlo. Fue entonces cuando recordó la placa: “Empieza, lo demás es fácil“.

Empezó. Escribió varios artículos que enió a divresas revistas. Todos le fueron devueltos por lo que Osamu se desanimó. Hubiera entonces abandonado sus intenciones de escribir de no ser por su padre. “A veces“, le dijo, “hay que cambiar un poco el lema. Hay que cambiarlo de ‘Empieza, lo demás es fácil’ a ‘Empieza otra vez, lo demás es fácil‘”.

Osamu empezó otra vez, y otra vez, y otra vez. Empezó de nuevo después de cada fracaso hasta que por fin triunfó.

Empieza, lo demás es fácil“. Este lema se puede aplicar a cualquier persona y a cualquier clase de trabajo. Lo más difícil es siempre empezar.

La vaquita

Un maestro de la sabiduría paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.

Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó: “En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco, ¿cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?

El señor calmadamente respondió: “amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días, una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.

El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue. En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó: “busque la vaquita, llévela al precipicio de aquí enfrente y empújela al barranco.

El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre e! hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Mas como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaquita por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.

Un bello día el joven agobiado por la culpa resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contaría todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado, con carro en el garaje de tremenda casa y algunos niños jugando en e! jardín.

El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese qua vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático. El joven preguntó por la familia que vivía allí hacía unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí.
Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hacía algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): ”¿Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
El señor entusiasmado le respondió: “nosotros teníamos una vaquita que cayó por ei precipicio y murió, de ahí an adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzarnos el éxito que sus ojos vislumbran ahora.”

Todos nosotros tenemos una vaquita que nos proporciona alguna cosa básica para nuestra supervivencia !a cual es una convivencia con la rutina, NOS HACE DEPENDIENTES, Y EL MUNDO SE REDUCE A LO QUE LA VAQUITA NOS BRINDA.

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